Y si le damos la vuelta a la tortilla de patata con cebolla poco pasada con mucho cuidado...
A mis lamentos les debo mis penas y a mis añoranzas la felicidad. ¿La vida no es así?
Pues nos comemos la tortilla ,,, salut!
La capacidad artística del hombre hace posible lo inimaginable hasta límites irreales.




Habitación 513, sentado en un sillón, mirando hacia el infinito, pensando en nada a la vez que en todo, ninguna frase entrelazada llenaba aquella habitación.
Las horas pasaban viendo segundos, minutos pocos, horas inapreciables. Llega la noche, solitaria, acompañada de lamentos, en alerta por nada, simplemente esperando por algo que no va a llegar, al menos en el momento en que lo piensas.
La mañana te espera con impaciencia, gritando a los cuatro vientos, rabia contenida de un pasado anclado en una mente desgastada, resignada a un día más. Un tiempo esperado que no quiere ser observado por el que lo anhela.
Pasan los días en una cama con una letra por nombre, mirando al vacío, pensando en los sucesos de un ayer, acompañado, abstraído de un mundo que te rodea, deseando mirar cada ojo uno por uno y decirle con una sonrisa lo que no se puede expresar con palabras.
Pensamientos cansados de correr entre neuronas, agotados, sentados en una piedra mirando un río de lágrimas por no poder cruzar al otro lado por un puente roto.
Una liana desde el otro lado los lleva a observar el paisaje desde un ventanal, al final del pasillo, sosegado ante la mirada de las pequeñas urbes.
La resignación aparece delante de mi, a mi izquierda cuatro personas diferentes, pero tan parecidas que hace de la estancia un pequeño paseo renqueante por aquella habitación 513.
Siempre en mente el trato de personas dispuestas a dar un poquito de su vida por el que necesita su ayuda, tiempo a cambio de una sonrisa, aprender de los que aprenden y observar el mundo desde los que sufren.
Llantos de rabia incontenida, desesperación incontrolada, una mirada al exterior y volver a empezar. Fortalecidos un poco mas cada día, cada momento sufrido. El ser humano al límite alcanzando el cielo con los dedos.
La habitación 513
Escucha, observa, mira y al final de todo actúa.
Confiado el que se sitúa por encima... Audaz el que se siente cómodo con su gente... Un cordero que piensa que es lobo en medio de corderos....
"Falso" el que observa... "Arrogante" el que cree en su paciencia y su templanza... Un cordero a la vista de un "lobo"...
Un trozo de una película en la que el que la observa puede llegar a echar una sonrisa, incluso una carcajada... se levanta a beber una cerveza a la cocina mientras piensa cómo hacer para quedar bien con los "lobos".
Y que pena...

Lagarté preguntó a su esposa por sus gafas en el instante en el que se disponía a leer la prensa del domingo, en un momento en el que sus pensamientos ensayaban la melodía de los ausentes en el mundo de los mortales.
Cuando su esposa encontró las llaves, Lagarté cogió el coche y se dirigió al bar mas cercano, el que estaba al lado del lago, enfundó su pistola y comenzó a escribir una poesía en el lienzo que le había regalado su hija unas navidades para que practicara un poco el piano ya olvidado tras muchos años sin mirar al mar.
Era la hora de regresar tras un duro día de trabajo en la mina de colores sin nombre de la montaña llamada por los indígenas “braveheart”.
Pasado el cartel de “Bienvenido a Lagarté” apareció en la tienda de objetos de regalo una señora pidiendo un poco de fruta y una barra de pan para cenar. Al rato me senté a leer el periódico en un banco del parque sin perder de vista el árbol del centro de la plaza.
Con sentido no lo tiene, sin lógica es perfectamente legible.
Imaginación descontrolada.